La Universidad Internacional de Valencia cree que el 30% de los casos de TEA «pueden llegar a tener» epilepsia

La VIU estima que aunque el autismo y la epilepsia presentan síntomas y causas diferentes, existe una fuerte relación en sus manifestaciones físicas y cognitivas

La Universidad Internacional de Valencia cree que el 30% de los casos de TEA "pueden llegar a tener" epilepsia

Relación entre el TEA y la epilepsia, según la Universidad Internacional de Valencia

Con motivo del Día Mundial de Concienciación Sobre el Autismo, la Universidad Internacional de Valencia quiere poner de manifiesto y dar visibilidad al Trastorno del Espectro Autista (TEA) y su relación con la epilepsia. Una reciente investigación, realizada por el equipo docente de VIU y otras universidades, ha confirmado que hasta el 30% de los individuos con TEA pueden llegar a tener crisis epilépticas, algo que, hasta el momento, no se había corroborado.

Así mismo, según esta investigación, aunque el Trastorno del Espectro Autista y la epilepsia presentan síntomas y causas subyacentes diferentes, existe una fuerte relación en sus manifestaciones físicas y cognitivas. De hecho, la síntesis del estudio de la Universidad Internacional de Valencia ha revelado una prevalencia puntual agrupada de la epilepsia activa de 6,38 por 1000 personas que padecen autismo. No obstante, la presencia de estas crisis que afectan al neurodesarrollo también puede ser síntoma de enfermedades graves, como el síndrome de West, también conocido como síndrome de espasmos epilépticos, que se manifiesta a partir de los cinco meses de vida.

Relación de TEA con la epilepsia

De acuerdo con los investigadores de la Universidad Internacional de Valencia, existe una importante variabilidad clínica interindividual respecto al desarrollo y presencia del autismo. Dentro de las familias, se ha indicado que tanto los factores genéticos como los ambientales influyen en la expresión fenotípica del TEA. Así mismo, muchos de los síntomas nucleares, si bien se reducen a déficits en la comunicación e interacción social y comportamientos repetitivos o estereotipados, no manifiestan su expresión sintomática extensa.

De este modo, los científicos afirman que el Trastorno del Espectro Autista y la epilepsia «se embarcan en un viaje evolutivo desde la infancia hasta la edad adulta, lo que genera una creciente demanda terapéutica que resuena no solo en los pacientes y sus familias, sino que repercute en los sistemas educativos y en la sociedad en general”. Por tanto, el tratamiento de personas con autismo no se centra únicamente en el individuo, sino en el entorno.

De hecho, la razón es que “el TEA y la epilepsia se asocian con un alto nivel de comorbilidad psiquiátrica, que incluye ansiedad, autoagresión o heteroagresión, depresión, hiperactividad, trastorno obsesivo-compulsivo, dificultades de atención, tics, trastornos alimentarios, deterioro de la función ejecutiva y trastornos del sueño, que pueden requerir terapia farmacológica en alguna etapa de la evolución, así como otros síntomas relevantes” añaden los expertos.

Tratamientos de niños con TEA y epilepsia

Los expertos encargados de esta exhaustiva investigación revisan y reafirman la necesidad de nuevos tratamientos certeros para tratar la compatibilidad de crisis epilépticas en casos de personas con autismo, destacando 3 claves fundamentales en su aplicación.

No obstante, estiman que el tratamiento de los niños con TEA y epilepsia requiere un abordaje interdisciplinario que incluya la rehabilitación, la farmacología y, en última instancia, la intervención quirúrgica. Por ello:

  1. Es importante mencionar que estos tratamientos pueden ser costosos y no siempre están disponibles para todos los niños con TEA y epilepsia. La accesibilidad a los tratamientos es una preocupación importante para los padres, cuidadores y profesionales de la salud, lo que puede influir en gran medida en la elección de la modalidad de tratamiento más adecuada.
  2. Además, los tratamientos farmacológicos y quirúrgicos pueden tener efectos secundarios, lo que enfatiza la importancia de vigilar de cerca a los niños durante el tratamiento para minimizarlos tanto como sea posible.
  3. Por último, es fundamental tener en cuenta los signos de alarma del TEA y la epilepsia para proporcionar una atención precoz a la comorbilidad, permitiendo un diagnóstico diferencial y diseñando intervenciones personalizadas basadas en la evidencia para potenciar el desarrollo de los niños y asegurar una mejora en su calidad de vida”.
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