Está en España y a sólo una hora de Barcelona. No hablamos de un simple robot; sino de una figura enorme y poderosa, manejada por un piloto interno que lo controlaba desde la cabina, fundiéndose en una sola fuerza. No era solo una máquina, sino un coloso de acero que lanzaba golpes con una fuerza descomunal al grito de ¡puños fuera!. Cuando llegó a España en 1978, fue todo un fenómeno. Hablamos, efectivamente, de Mazinger Z.
Para muchos niños, hoy ya adultos, este personaje ha sido su primer contacto con la animación japonesa, y desde entonces nada volvió a ser igual. Mazinger Z traspasaba la pantalla de la televisión para instalarse en los cuadernos, se imitaba en los juegos y se gritaba en los patios de recreo. Lo que nadie imaginaba es que, años después, acabaría convertido en una estatua de diez metros en medio de una urbanización de Tarragona.
10 metros de Mazinger Z
Desde la urbanización Mas del Plata, lugar donde se halla esta imponente estatua, buscaban una manera de atraer a familias con niños pequeños; un lugar donde «los niños obligaban a sus padres a llevarles», como explica José Luna, fundador de la Asociación de Amigos de Mazinger Z. Para llevar a cabo esta iniciativa tomaron como referencia Mas Altaba, una zona cercana donde habían colocado figuras de Heidi y que habían causado un gran revuelo y expectación entre los visitantes.
En un primer momento, la idea original era que la estatua fuera hueca y tuviera una escalera en su interior para que la gente pudiera subir hasta la cabeza y disfrutar de las vistas, como sucede, por ejemplo, con la estatua de la Libertad de Nueva York. Pero al final se descartó por cuestiones de seguridad. Aun así, se decidió invertir más de un millón de pesetas en levantar este gigante y en solo cuatro días de agosto de 1978, el coloso metálico Mazinger Z quedó en pie en medio del bosque.
A pesar de su cancelación por parte de la cadena que ofrecía esta serie, la estatua permaneció de pie. Este ‘irreal’ Mazinger Z, que al principio era solo un reclamo publicitario, se transformó en un lugar de peregrinación para fans del anime, excursionistas y moteros que buscaban una foto con el robot gigante. “Un recuerdo increíble de la infancia, una pasada”, comentan usuarios en diferentes plataformas online.
Punto de encuentro
En 2015, la Asociación de Amigos de Mazinger Z decidió organizar un evento en la estatua para solicitar a las instituciones que el pinar donde se encuentra pasara a llamarse plaza de Alfredo Garrido García, en honor al compositor que puso voz a la sintonía en español. Un año después, la comunidad de seguidores lanzó una campaña de micromecenazgo para repintarla y devolverle su aspecto original, desgastado por el paso del tiempo y el clima.
Hoy, la estatua sigue en pie en Mas del Plata. Lo que empezó como una estrategia para vender viviendas terminó siendo un símbolo para los fans de Mazinger Z y un lugar de encuentro para quienes crecieron soñando con robots gigantes. Puede que ya no lance puños, pero sigue ahí, mirando al horizonte, como si en cualquier momento fuera a alzarse para librar una nueva batalla.